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Basidiocarpos pileados, sésiles o con margen superior replegado, dimidiados a ungulados, simples o imbricados, de consistencia suberosa que se torna leñosa con la edad. Superficie estéril arrugada, nodular, finamente tomentosa al principio, luego glabra y no zonada; color amarillo parduzco pasando a marrón rojizo o tabaco, más oscura en los ejemplares adultos. Margen delgado, obtuso o lobulado. Superficie himenial. Poros redondeados o angulares, 2–4 por mm; disepimentos gruesos, enteros, volviéndose fimbriados, pruinosos y lacerados. Contexto de color amarillo-marronáceo, fibroso y coriáceo, luego quebradizo, de 2–10 mm de espesor y con zonación radial visible. Túbulos monoestratificados. Sistema hifal monomítico. Setas himeniales de escasas a abundantes, ventricosas o a menudo unciformes, marrones, de 15–50 × 6–10 µm, embebidas o ligeramente sobresalientes del himenio. Setas hifales presentes de forma variable según la especie o el estado de desarrollo. Basidios hialinos, claviformes, sin fíbulas. Basidiósporas ovoides a ampliamente elipsoidales, hialinas o amarillentas, de paredes gruesas, débilmente dextrinoides en masa. Sustrato: Madera muerta muerta de angiospermas, especialmente de frondosas caducifolias, son agentes de pudrición blanca.